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¿Debe la ciencia definir sus objetivos por una percepción política de los problemas prioritarios?

¿Debe la ciencia definir sus objetivos por una percepción política de los problemas prioritarios?

Los resultados electorales del 1 de julio, sin duda, constituyen un parteaguas en la vida política del país, y prometen una profunda transformación en la administración pública en general; muy particularmente, de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTI). Durante el tercer debate realizado entre los entonces candidatos presidenciales, Andres Manuel López Obrador (AMLO) señaló que no se estaba destinando lo necesario en este rubro (lo cual es cierto: la OECD recomienda invertir un 1% al menos del PIB en CTI; México sólo llega al 0.50%). Mencionó que en caso de ganar la contienda propondría a la Dra. María Elena Álvarez-Buylla, como directora del CONACYT, propuesta que ha generado posiciones encontradas entre la comunidad científica mexicana.

La Dra. Álvarez-Buylla es una reconocida científica, especialista en Biotecnología, quien recibió en 2017 el Premio Nacional de Ciencias en el campo de Ciencias Físico-Matemáticas por su aportación a la comprensión de la dispersión de los transgenes de las variedades nativas del maíz. Bióloga de formación (UNAM, 1982), con una maestría en Ecología Vegetal (UNAM, 1985) y un doctorado en Botánica por la Universidad de California en Berkeley (1992), es investigadora nacional nivel III e investigadora titular del Instituto de Ecología de la UNAM. Es además una activista social; como fundadora de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS); ha defendido la posición de prohibir el uso de cultivos transgénicos en el campo mexicano por sus posibles efectos ambientales, así como en la biodiversidad y la salud humana.

En el documento «Plan de Reestructuración Estratégica del CONACYT para adecuarse al proyecto alternativo de nación (2018-2024) presentado por MORENA», la Dra. Álvarez-Buylla presentó varias ideas sobre cómo transformaría al CONACYT; algunas de estas propuestas son sin duda necesarias (incrementar recursos a la investigación y hacer los procesos de evaluación de proyectos más eficientes, claros y transparentes, descentralizar centros de investigación en estados no atendidos del país, disminuir la burocracia, por señalar algunas), otras pueden ser discutibles (revisar la provisión de recursos públicos a instituciones educativas privadas, la creación de comités de evaluación con derecho a veto sobre temas de investigación «polémicos» o no alineados a las políticas nacionales de impacto social, o señalar a la ciencia occidental como limitada o fallida respecto al conocimiento autóctono o ciencia campesina milenaria, entre otros). Es necesario que cualquier política nacional en materia de CTI recoja la opinión de la comunidad científica nacional: investigadores, estudiantes, becarios, divulgadores… de todos.

Acerca del autor: Doctor en Química por la Texas Christian University, estudios realizados con el apoyo de una beca de la Fundación Robert A, Welch y del CONACYT, realizando investigación bajo la tutela del cristalógrafo norteamericano William H. Watson Jr.; Licenciado en Química con especialidad en Fisicoquímica por la Universidad de las Américas Puebla, donde estudió como becario de Excelencia Jenkins. Para obtener el título de licenciatura, realizó una tesis de investigación sobre electrosíntesis directa de compuestos de coordinación, bajo la tutela del Dr. Gabriel Gojon Zorrilla, Premio Nacional de Química. Fue profesor-investigador en el Centro de Investigaciones Químicas de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo de 2001 a 2002. En 2016 fue investigador visitante del Bodega Marine Laboratory de la University of California-Davis. Entre sus líneas de investigación se encuentran la síntesis y funcionalización de nanomateriales magnéticos para aplicaciones biomédicas como agentes de imagenología, sistemas de transporte y liberación controlada de fármacos y terapia hipertérmica, así como el estudio de la toxicidad de nanomateriales. Sus proyectos de investigación han contado con apoyo de distintas instancias externas por más de 8 millones de pesos y ha participado como colaborador en proyecto con financiamiento superior a los 20 millones de pesos. Ha impartido conferencias de divulgación científica para público en general, destacando entre sus proyectos la creación y publicación de ALEPH ZERO, revista de divulgación científica, durante cerca de 15 años (1996-2011). Es autor de más de 70 publicaciones científicas en revistas internacionales, más de 200 artículos de divulgación y educación y 9 capítulos en libros; traductor al español del libro “Química Imaginada. Reflexiones en ciencia” del premio Nobel de Química Roald Hoffmann y publicado por el Fondo de Cultura Económica y autor de los libros “Ciencia sin complicaciones”, publicado en 2015 por EDAF y Editorial UDLAP, y “Ciencia y Arte, arte y ciencia. Reflexiones infinitas” publicado por Editorial UDLAP y el Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla en 2017. Desde 1997 es miembro de la American Chemical Society y mantiene redes de colaboración en investigación con prestigiosas universidades nacionales y extranjeras como la Universidad Complutense de Madrid, la University of Texas at San Antonio, el Hospital Infantil de México “Federico Gómez”, el Hospital General “Manuel Gea González”, el Centro de Investigación Biomédica de Oriente, entre otros. Desde el 2001 es Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, siendo Investigador Nacional Nivel 2 desde el año 2015. Desde el 2003 se incorporó a la UDLAP donde se ha desempeñado como Director del Centro de Investigaciones Químico-Biológicas, Jefe del Departamento de Ciencias Químico Biológicas, Coordinador del programa de Nanotecnología e Ingeniería Molecular y Coordinador del Programa de Química. Actualmente, es profesor de tiempo completo en el Departamento de Ciencias Químico Biológicas de la Universidad de las Américas Puebla.

Por: Miguel Ángel Méndez Rojas.

Profesor e Investigador del Departamento de Ciencias Químico Biológicas, UDLAP.

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