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De azúcar, esclavitud y memoria (Parte 1)

De azúcar, esclavitud y memoria (Parte 1)

Las haciendas cañeras son testimonio material de la memoria histórica de la comunidad, donde se resumió no sólo la principal actividad económica sino el peculiar mestizaje que en ella tuvo lugar.

Por tal razón es necesario partir de la historia de los afrodescendientes, para entender de dónde vienen y que características tuvo su llegada a América Latina y en específico a México, la Nueva España en aquella época. Parecería un tanto repetitivo comenzar desde este punto de la historia, ya que asumimos que está más que claro cómo se dieron los hechos de la llegada de los esclavos y cuál fue su desarrollo en la historia de nuestro país. Sin embargo, la propia historia hasta la actualidad nos ha hecho reflexionar que no es así. En un país en donde se sugiere desde los propios libros de texto en la primaria, que las comunidades afrodescendientes desaparecieron durante la colonia y dejaron de “existir” para quedar solo impregnados en el ADN de la genética mexicana, como parte de un relato que explica parcialmente la configuración de este país en un mestizaje diluido. Es necesario regresar las veces que sean necesarias para puntualizar dos cosas que a mi parecer son de vital importancia y urgencia para nuestra sociedad:

1) Los afrodescendientes no desaparecieron, siguen vivos, y hoy más que nunca reclaman esa visibilidad, la cual, con los años, los discursos raciales hegemónicos que intentaron legitimar la discriminación y los relatos nacionalistas excluyentes han socavado una realidad. Los Afrodescendientes son parte de este país y seguirán siéndolo porque aportaron cosas fundamentales a su configuración.

2) Nuestra nación tiene una deuda histórica, que sabemos adquirimos al recapitular las terribles, inhumanas, violentas y dolorosas condiciones en las que fueron traídos contra su voluntad, en las que se desarrollaron como lo fueron las haciendas cañeras y en las que hoy a pesar de tener más de 500 años de permanecer como parte de esta República, siguen padeciendo, en una sociedad que no termina de reconocerlos, aceptarlos, pero sobre todo que no reconoce que existen.

Es importante mencionar que no estamos hablando del mismo sujeto histórico durante las diferentes etapas de la historia de los afrodescendientes, sería una locura pensar que aquellos que bajaron de esas grandes embarcaciones son los mismos de los de la actualidad. Nada es lo mismo muchas cosas pasaron, para todos se hilaron diferentes bordados en un mismo tejido, en el tejido social de lo que en resumen somos hoy en día. Sin embargo, una cosa sigue vigente: padecemos un sistema de desigualdad, discriminación y pauperización en todos los sentidos. Recapitular es necesario y tendremos que hacerlo hasta que como con los personajes emblemáticos de nuestra historia entendamos que, existen partes de nuestra población que no han tenido los reflectores, ni los relatos históricos justos para hacerse visibles. Tal vez la frase del filósofo francés Giles Deleuze “nadie nota la ausencia de lo desconocido” resuma la importancia de generar cualquier esfuerzo por abonar a la investigación, entendimiento y visibilidad de las poblaciones afrodescendientes.

Los orígenes del tráfico comercial entre el oeste y el centro de África y la cuenca mediterránea se pierden en la prehistoria. Sin embargo, los primeros relatos históricos datan de la antigüedad y versan sobre los nómadas que organizaban el comercio entre Leptis Magna y el Chad. Este comercio vivió su primer auge en el siglo I a. C. con el ascenso del Imperio romano. Sobre todo, se comerciaba con oro, esclavos, marfil y animales exóticos para los juegos de circo en Roma a cambio de bienes de lujo romanos. De hecho, es en esta época en la que se gesta el propio nombre de África.

El Imperio Kanem-Bornu existió en África entre el siglo XIII y la década de 1840. En su momento de mayor esplendor abarcó el área de lo que actualmente es el sur de Libia, Chad, noreste de Nigeria, este de Níger y norte de Camerún. El Reino del Congo fue un estado situado en lo que actualmente constituye la zona norte de Angola, el enclave de Cabinda, Congo-Brazzaville y la parte occidental de Congo-Kinsasa. Su área de influencia abarcaba también los estados vecinos. Numerosos pueblos, como los ashanti de Ghana y los yoruba de Nigeria, tomaron parte en el comercio de esclavos. Grupos como los imbangala de Angola y los nyamwezi de Tanzania servían como intermediarios o bandas errantes, llevando a cabo guerras contra algunos los estados africanos para capturar personas y exportarlas como esclavos. Diferentes agentes comerciales europeos y árabes que trataban con esclavos también apoyaban a aquellos gobernantes que favorecían sus intereses. Solían favorecer activamente a un grupo contra otro para provocar deliberadamente el caos y continuar así sus actividades de esclavitud.

El Reino del Congo fue un estado situado en lo que actualmente constituye la zona norte de Angola, el enclave de Cabinda, Congo-Brazzaville y la parte occidental de Congo-Kinsasa. Su área de influencia abarcaba también los estados vecinos. Numerosos pueblos, como los ashanti de Ghana y los yoruba de Nigeria, tomaron parte en el comercio de esclavos. Grupos como los imbangala de Angola y los nyamwezi de Tanzania servían como intermediarios o bandas errantes, llevando a cabo guerras contra algunos los estados africanos para capturar personas y exportarlas como esclavos. Diferentes agentes comerciales europeos y árabes que trataban con esclavos también apoyaban a aquellos gobernantes que favorecían sus intereses. Solían favorecer activamente a un grupo contra otro para provocar deliberadamente el caos y continuar así sus actividades de esclavitud.

Para efectos de esta investigación hablaremos de la parte de África que colinda con el mar atlántico, donde se da el comercio transatlántico. Los primeros europeos en llegar a las costas de Guinea fueron los portugueses. El primer europeo que compró esclavos africanos en la región de Guinea fue Antonio Gonçalves, un explorador portugués del 1441 DC. Originalmente interesados solo en el comercio de oro y especias, establecieron colonias en las islas inhabitadas de São Tomé. En el siglo XVI, los colonos portugueses descubrieron que estas islas volcánicas eran perfectas para el cultivo de azúcar. El cultivo de azúcar es intensivo en fuerza de trabajo, y los portugueses encontraban difícil atraer trabajadores a la zona como consecuencia de las elevadas temperaturas, falta de infraestructuras y duras condiciones de vida. Para cultivar el azúcar los portugueses hicieron uso de un importante número de esclavos africanos. Por tal razón el fuerte San Jorge de la Mina en la Costa de Oro británica, originalmente construido por africanos para los portugueses en 1482 con el objetivo de controlar el comercio de oro, se convirtió en un importante depósito de esclavos que eran transportados al Nuevo Mundo.

Esto permite notar como bien menciona Adriana Naveda Chávez- Hita, en su libro Esclavos negros en las haciendas azucareras de Córdoba, Veracruz 1690-1830 que:

“En términos generales el comercio de esclavos africanos no hizo más que ajustarse a las diferentes etapas que experimentó el comerció colonial. La presencia de africanos esclavizados en la Península Ibérica, se remonta a muchos años antes del descubrimiento y conquista de los territorios americanos.” (p.13)

Acerca del autor:

Mariana Alcántara Lozano es  Lic.  En Humanidades con especialidad en Historia del Arte por la Universidad de las Américas Puebla y realizó una Maestría en Estética y Artes en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla con, Beca Conacyt. Tiene una especialidad en Poblaciones afrodescendientes en México y América Latina, por la Coordinación Nacional de Antropología e Historia (2018) y un Certificado en Estudios Afrolatinoamericanos en el ALARI (Afro Latin American Research Institute) por la Universidad de Harvard.

Ha realizado la organización del acervo hemerográfico del Sindicato de Trabajadores de la fábrica de Río Blanco y tallerista en el área de lenguaje corporal y asistente de investigación en el Proyecto Actores Sociales de la Flora Medicinal en México en Santiago Tapextla, Oaxaca, por parte del INAH.  Asistente de investigación en la curaduría de Culturas de la Costa del Golfo en el Museo Nacional de Antropología a cargo de la Dra. Rebeca González Lauck 2018 Analista fenomenológica en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México 2019. Actualmente es parte del  Proyecto “Tuxpan, Veracruz, Espacio urbano, Barrios y Tradiciones de una Ciudad Marítima y Fluvial (finales del siglo XIX a principios del siglo XX) en  el INAH , Veracruz.

Por: Mariana Alcántara Lozano

Egresada de la Licenciatura en Humanidades, con especialidad en Historia del Arte por la Universidad de las Américas Puebla.

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