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La felicidad es más contagiosa que el miedo

La felicidad es más contagiosa que el miedo

En estos tiempos de incertidumbre, donde estamos siendo testigos de cambios en nuestro planeta que jamás imaginamos, donde vivimos rodeados de información que da la vuelta al mundo y que lamentablemente nos brinda un panorama catastrófico, e incierto al mismo tiempo, puede resultar un tanto común la sensación de miedo ante todo esto que está ocurriendo y que nos ha tomado por sorpresa a todos.

El miedo es un pensamiento negativo que el cerebro interpreta como una situación de estrés y activa todos los mecanismos para sobrellevar este ataque. Esto hace que nuestro cuerpo se mantenga en estado de alerta o huida, y sea incapaz de llegar al estado de relajación que necesita para repararse a sí mismo.

¿Qué podemos hacer para manejar nuestros miedos?

  1. Entender su causa raíz, ¿de dónde vienen? ¿Qué es lo que me hacen sentir?
  2. Aceptarlos con amor para tener paz.
  3. Gratitud: enfocarnos en lo que tenemos y agradecer por ello.
  4. Mientras más gratitud sintamos mayor alegría sentiremos.

La alegría es esa paz profunda que nos lleva a un estado de felicidad que brota cuando las cosas en nuestra vida se alinean con nuestros valores centrales. Cuando experimentamos la felicidad, nuestro cuerpo se relaja, libera endorfinas que alivian el estrés y, por lo tanto, disuelve las enfermedades.

Puede parecer obvio que las personas felices sean más sanas; sin embargo, ¿alguna vez tu doctor te formuló un programa para ser más optimista?, ¿acaso te prescribió más alegría?, o ¿más entusiasmo y agradecimiento, para prevenir ataques al corazón?  ¿Alguna vez te lo has prescrito a ti mismo? Distintos estudios demuestran que la felicidad y la salud están estrechamente relacionadas.

La felicidad es “la apreciación general de la vida”. Es una forma de medir, ¡qué tanto quieres la vida que estás viviendo! y, ¡qué tanto entusiasmo sientes cuando te levantas todos los días!  La gente infeliz tiende a estar más enferma. Estados positivos como alegría, felicidad, energía positiva, satisfacción por la vida, esperanza, optimismo y sentido del humor, resultan en menores tasas de mortalidad y extienden la longevidad de la gente.

El Dr. Martin Seligman en su libro “Learned Optimism” encontró que la diferencia entre optimistas y pesimistas reside en qué tan permanente, persuasivo y personal se perciben los eventos buenos y malos. Los pesimistas ven los eventos negativos como permanentes “siempre me pasa esto”, generalizan “esto va a arruinar todo” y lo toman personal “esto es mi culpa”.  También piensan que los eventos negativos son resultado de su fracaso. Mientras que los optimistas perciben los eventos negativos como temporales, específicos y externos, y los eventos buenos como permanentes, generalizados y como resultado de sus propios méritos.

Nuestro sentido de control, habilidad para no estar en el papel de víctimas y los sentimientos de esperanza, sobre los problemas que enfrentamos, pueden afectar si estamos sanos o enfermos.  La gente feliz vive más que la que no lo es; así que la felicidad funciona como una medicina preventiva.

El sufrimiento emocional empieza en la mente, pero se siente en todo el cuerpo. Mientras que la depresión y la ansiedad afectan de forma negativa al cuerpo (activando la respuesta de estrés y debilitando el sistema inmune), la felicidad puede curarlo y brindarle un estado de plenitud.

Una de las cosas que podemos hacer es controlar nuestros pensamientos negativos sobre el miedo. El Dr. Martin Seligman propone esta serie de pasos para poder lograrlo.

Ejercicio para convertir los pensamientos negativos en positivos:

  1. Identificar en tu diálogo interno cuáles son los pensamientos que se desatan cuando tienes un evento adverso; estos son sólo pensamientos, NO emociones; las emociones son consecuencia de los pensamientos.
  2. Registrar las consecuencias y hacerlas conscientes. Una vez que identificamos nuestros pensamientos negativos hay dos formas para lidiar con ellos: distraernos y pensar en algo divertido o iniciar una discusión interna y privada con ellos hasta que pierdan importancia y desaparezcan.
  3. Para distraernos podemos decirnos: “pensaré en esto después” o escribirlos para detener el proceso de “rumiarlos” y que pierdan su peso o valor.
  4. Para discutir con ellos hay que revisar cuál es la creencia negativa que está detrás de estos pensamientos, tocar base con nuestro “yo” compasivo y probarnos que estamos equivocados. Hay que encontrar la evidencia de que la creencia es falsa.

Una forma de mantener una felicidad constante y que no sea fugaz, cuando conseguimos algo que queremos o tenemos un pequeño placer y no queremos olvidarlo, es escribir todos los días tres cosas por las que estás agradecido (Authentic Happiness del Dr. Martin Seligman).

El camino a la felicidad no es cambiar las circunstancias de nuestra vida; sino más bien, adoptar estos comportamientos mencionados. Vivir alineados con nuestra verdad es vital para ser felices. Cuando hacemos esfuerzos para incrementarla, nuestra salud es una consecuencia.

Acerca del autor: Mtra. Rocío Álvarez Bauza, Psicóloga Organizacional & Health Coach, con más de 15 años orientada a la consultoría organizacional. Fundadora de “R|A Woman Training & Health”, se desempeñó como Directora Regional de Great Place to Work® Institute México por 11 años. Maestra en Psicología Organizacional, Licenciada en Comunicación y Licenciada en Teatro, por la Universidad de las Américas Puebla. Health Coach Certificado por “Institute for Integrative Nutrition”. Especialista en bienestar corporativo, transformación de culturas organizacionales, desarrollo integral de las mujeres y experta en la aplicación e implementación de la NOM-035-STPS.

Por: Rocío Álvarez, Psicóloga Organizacional y Health Coach, egresada UDLAP.

 Correo: www.rocioalvarez.mx

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