fbpx

Plutarco de Queronea

Plutarco de Queronea

 Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello

que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

 

Plutarco (46 d.C./48 d.C.– Delfi, 125 d.C./127 d.C.) fue un biógrafo, escritor y sacerdote griego que nació bajo el emperador Claudio y obtuvo la ciudadanía romana y tuvo encargo administrativos cuando el emperador Adriano lo nombró, ya en la vejez del escritor, procurador de la provincia de Acaya. Este cargo le permitió portar las vestiduras y ornamentos propios de un cónsul.

Estudió en Atenas y escribió las “Vidas Paralelas”, biografías de los más famosos personajes de la antigüedad griego-romana, y los “Moralia”, de carácter ético, y fue sacerdote del Santuario de Delfos. Las obras de Plutarco influenciaros a muchos escritores como Shakespeare en su “Julio Cesar” y a Jean Jacques Rousseau, que era un admirador de la obra Plutarquea, como también Michel de Montaigne, que en sus famosos “Ensayos” cita textualmente y comenta los textos del escritor griego. Miren por qué, citando textualmente al gran escritor griego:

Las dos inscripciones del templo de Delfos “Conócete a ti mismo” y “Nada en exceso” son los dichos más importantes para la conducta de la vida. Quien ve estos preceptos como fueran oráculos de Apolo y los lleva esculpidos en el corazón, podrá fácilmente aplicarlos a todos los eventos de la vida para aprender a enfrentar la vida manteniendo un equilibrio perfecto. Una vez que aprendemos de la fragilidad de nuestra naturaleza, no exultará cuando tenga éxito como no se abandonará en el fracaso, a lloriqueos y gemidos que proceden nada más de la debilidad de nuestra alma. Estará alerta especialmente contra el miedo a la muerte, que tiene su fundamento en dejarnos sorprender por los eventos que suceden cada día que corresponden o a las leyes de la necesidad o al decreto del destino. La muerte, muchas veces, previene mas graves desgracias. Para algunos hubiera sido mejor no nacer, para otros morir naciendo, para alguien más irse en la infancia, para otro en la vida adulta. Hay que aceptar con resignación la muerte de las personas queridas, que en cualquier momento pueda ocurrir. Un hombre sensato debe decirse que aquellos que mueren hoy nos preceden por un tiempo realmente infinitesimal. La vida más larga que pueda existir, comparada con la eternidad no es más que un punto imperceptible. Si estas consideraciones serán bien firmes en nuestra alma, podrán prevenir un dolor desmedido, evidenciando su inutilidad y llamándonos a considerar la brevedad de la vida.

Si las enfermedades de la carne son reflejadas por alteraciones de la temperatura o por dolores inesperados, las enfermedades del alma pasan desapercibidos por muchos, y por esto son más graves, porque no son reconocidas por los que los padecen. La razón cuando es sana se da cuenta de las enfermedades del cuerpo, pero si es coparticipe a los males del alma, ya no tiene la facultad de reconocer sus enfermedades, porque es perjudicada justo la parte que juzga. La principal y más grave de las enfermedades del alma, es la incapacidad de reconocerlas, que hace que el vicio coexiste con la mayor parte de las personas y junto con ellos vive y muere. El primer paso para liberarse de una enfermedad es darse cuenta de su presencia, que nos lleva a buscar los remedios necesarios.

Es importante poder distinguir entre lo que depende de nuestra decisión de lo que es independiente de nosotros, entre la libertad y la naturaleza.

Para los antiguos griegos, la naturaleza era anterior a los dioses y por consiguiente no estaba bajo el control del hombre, y el hombre sabio debía aceptar con resignacion sus dictamenes. En la mitología griega, las Moiras, ‘las repartidoras’ eran las personificaciones del destino, hija de Ananké, la necesidad, y sus equivalentes en la mitología romana eran las Parcas o Fata, que incluso Zeus temía y tenía que respetar sus designos y eran tres:

  • Cloto  ‘la hilandera’, hilaba la hebra de vida con una rueca y un huso. Su equivalente romana era Nona, originalmente invocada en el noveno mes de gestación.
  • Láquesis ‘la que echa a suertes’, medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Su equivalente romana era Décima.
  • Átropos  ‘inexorable’ o ‘inevitable’, literalmente ‘que no gira’, era quien cortaba el hilo de la vida. Elegía la forma en que moría cada hombre, seccionando la hebra con sus «detestables tijeras» cuando llegaba la hora. Su equivalente romano era Morta (‘Muerte’), y es a quien va referida la expresión “la Parca” en singular.

Acerca del autor: Mario de Marchis Pareschi, es Doctor en Administración por el ITESM, Campus Ciudad de México y la Universidad de Texas en Austin, Maestro en Computación por la misma universidad y Licenciado en Ingeniería Química por la UAEM. Es profesor del ITESM desde 1985. Ha sido Profesor invitado en la Maestría de Administración de la Rectoría de la Universidad Virtual, de la EGADE del Campus Monterrey y del Programa de Graduados del Campus Ciudad de México, Cuernavaca, San Luís Potosí y Morelia. Ha sido expositor en diferentes programas de Educación Continua, tanto presenciales como virtuales (Programa AVE) en diferentes Campus del Sistema ITESM, y en variadas regiones de la República y de América Latina (Perú, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Panamá). Fue profesor de los “Paquetes educativos” del Sistema ITESM, impartiendo la materia de “Seminario de Análisis Económico, Político y Social” y el “Seminario de Filosofía Empresarial” en posgrado, tanto en maestría como en doctorado. Ha recibido en varias ocasiones la distinción de profesor mejor evaluado en el Campus Morelos, Ciudad de México, Monterrey y Santa Fe y en la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, Colombia. Es fundador del Campus Santa Fe, donde fungió como director de la División de Negocios y Posgrado. Ha sido consultor en diferentes Instituciones, tanto públicas como privadas, tales como IMTA, GFT, la ONUMéx, Línea Bancomer, Confitalia, Canacintra, Coparmex, Inophos e Infonavit, entre otras. Hasta el 2015 fue profesor de la EGADE Business School y del Executive MBA de la Universidad de Texas en Austin, donde impartió la materia de “Global Management”. Es autor del libro “Yo, el Director” de Editorial Océano y fue reconocido por la revista “America Economía” como el segundo mejor libro de gerencia en español del 2010 y primero en Latinoámerica. Próximanente saldrá con la misma editorial la publicación del libro “Santo Tomás, CEO. Liderazgo Basado en Virtudes, (Virtues Based Leadership, VBL)”. Actualmente es profesor de tiempo completo del Departamento de Administración en la Universidad de las Américas Puebla e imparte las materias de: Administración de cambio, Administración de conocimiento, Temas selectos y en la maestría Modelo de dirección.

 

Por: Dr. Mario De Marchis Pareschi.

Profesor de tiempo Completo del Departamento de Administración de Empresas, UDLAP.

mario.demarchis@udlap.mx

 

Contenido disponible en PDF.

Anterior Adiós al trabajo II
Siguiente Mujer al ritmo del siglo XXI