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La era de las redes antisociales

La era de las redes antisociales

La historia antes de internet era relativamente lenta, los cambios sociales se percibían de forma generacional, puesto que tardaban décadas en apreciarse, mientras que, en la actualidad, los cambios se presentan en periodos muy cortos de tiempo. En menos de una década han surgido infinidad de nuevas tendencias en comunicación, interacción digital y avances tecnológicos, apenas estamos entendiendo el funcionamiento de algo innovador cuando ya cuenta con una actualización y de manera abrupta, se nos obliga al reemplazo inminente debido a la llamada obsolescencia programada.

La comunicación también era diferente, por ejemplo: en tiempos de los baby bummers, en las reuniones familiares no se hablaba de sexo, religión ni política, se trataba de una censura implícita, una convención que sostenía el pilar familiar y sin importar si el esquema fuera correcto o incorrecto, éste funcionaba. Lo que hoy conocemos como “bloquear a alguien” se realizaba mediante acciones simples pero efectivas para evitar la interacción, como cuando se descolgaba el teléfono alámbrico o se tiraban las cartas sin abrir, y de manera más reciente, cuando se apagaba por completo el celular o se ignoraba el mensaje recibido en el bipper.

Con la aparición de las redes sociales se produjo un fenómeno de pérdida de la interpersonalidad, dejamos de hacer llamadas eternas, dejamos de hablar con el de junto y dejamos de mirarlo a los ojos por atender la pantalla en nuestras manos, cayendo en un aislamiento mental, aunque no del todo físico. Si bien es cierto que físicamente las confrontaciones personales se han reducido, el intercambio de ideas y ataques cibernéticos se ha disparado exponencialmente. Ahora, más rápido de lo previsto, las redes sociales nos están alejando, no de forma física, no como lo hicieron en un inicio, ya no estamos hablando de la pérdida de interacción por ver el celular, singularmente nos estamos alejando de manera digital.

La violencia virtual es desmedida, incontrolable y arbitraria, cualquiera puede atacar y ser atacado desde las trincheras del anonimato -“No me conoces ni te conozco, pero ya te odio porque no compartes mi ideología”-. Las amistades se pierden en hilos de discusiones que, sin sentido, se tergiversan en cada nuevo comentario. En un arranque de verborrea escrita acabamos con las relaciones “digitales” y, por consecuencia las “físicas”, cuando se toma la decisión de “bloquear” indefinidamente o peor aún “eliminar a un amigo”.

Este ciber-alejamiento se ve reflejado en acciones tan simples e imperceptibles como salir de un grupo de WhatsApp, bloquear a usuarios en Twitter o restringir la privacidad de nuestros perfiles en Facebook para ocultar nuestras publicaciones de nuestros “amigos”. Seguramente hasta este momento no te habías dado cuenta de que todo esto nos está volviendo a alejar… toma un momento para pensar en las acciones que has realizado últimamente en tus redes: ¿a cuántas personas has bloqueado, dejado de seguir o eliminado por la razón que sea?, ¿de cuántos grupos has salido o a cuántos has silenciado?

Se trata del inception digital: nos alejamos en un inicio de nuestras relaciones interpersonales para acercarnos a relaciones virtuales y ahora, nos estamos aislando dentro de ellas mismas; sí, increíble, impredecible, inexplicable, pero cierto.

La decadencia de las redes sociales como las conocemos actualmente es evidente. Aquellos que hemos evolucionado con ellas, pasamos del despilfarro de posteos, innumerables solicitudes de amistad e infinidad de información compartida, a la autocensura. Atrás quedó esa época cuando creaste tus perfiles para mostrarle al mundo quién eras y te emocionaste por reencontrarte con todas aquellas personas que, hasta entonces, habían dejado huella en tu vida y que, muy probablemente ya has preferido eliminar o has restringido por alguna razón, en la mayoría de los casos, por la protección de tu información privada.

En algún punto del camino, las redes se olvidaron de lo básico, de su origen, conduciéndonos a una emulación de la amistad, de la vida; exhibimos una realidad alterna que presenta nuestra mejor cara al mundo: socialidad, carisma y empatía, literalmente filtrados a nuestra conveniencia. En su afán de desarrollo exponencial y comercial, los desarrolladores de estos sitios han alterado sus propias características, como lo menciona en su blog la comunicóloga Amalia López Acera, quien asegura que el nuevo algoritmo de Facebook penaliza el alcance orgánico real y premia el contenido pagado, lo que ocasiona que se nos muestre apenas el 20% del contenido que publican nuestros contactos humanos cercanos. Eli Pariser ya hablaba, desde el año 2010, del término “filtro burbuja”, como esa segmentación programada de información que conlleva a recibir datos específicos, ¿alguna vez has dado un random like y más adelante alguna empresa trasnacional te está anunciando algo que te gustaría y que probablemente esté muy relacionado con tus reacciones anteriores? El propio Tim Cook, CEO de Apple, afirmó en una entrevista para NBC News que “algunas de estas herramientas se utilizan para dividir o manipular a las personas en grandes cantidades con el fin de influir en su forma de pensar”.

Como muestra del objetivo actual de las redes, que lejos de acercarnos, pretenden vendernos todo lo que se anuncie, basta con conocer el tamaño de la rebanada de pastel que Facebook se lleva en términos de ganancias comerciales globales, misma que representa el 20% a nivel mundial, de acuerdo al Estudio Anual de Redes Sociales 2018 de la Asociación de la Publicidad, el Marketing y la Comunicación Digital Española; y es que es muy sencillo darse cuenta del impacto publicitario que recibimos haciendo un breve ejercicio de scroll en tu perfil, donde puedes confirmar que 1 de cada 4 publicaciones es un anuncio que nunca pediste que fuera colocado en tu sección de noticias.

El negocio de la viralización nos ha invadido casi de manera imperceptible, la llamada creación de contenido ha sido pervertida en el afán del enriquecimiento fácil y la atracción de convertirnos en los más visitados, reproducidos o compartidos; nos ha ganado el morbo por lo chistoso, lo insólito y lo absurdo, dejando en el olvido compartir lo bueno, los logros, los momentos inolvidables.

He visto nacer a todas las redes sociales, he visto morir a las menos pensadas como Microsoft Messenger, Hi5, ICQ o MySpace, pero estoy seguro de algo: las redes sociales tienen el gran reto de evolucionar para salir de este impasse del que todos somos responsables. Las nuevas interacciones tendrán que ir de lo público a lo privado, con todas las ventajas y desventajas que esto conlleve, los contenidos deberán apuntar hacia un acercamiento a la realidad y aprovechamiento del nuevo internet de las cosas, cuya obligación es la creación de experiencias significativas al usuario. Los principales monstruos que dominan el mundo de las redes contemplarán realizar cambios significativos, como ya lo hace Instagram que, de acuerdo con Deep Patel, colaborador de la revista Entrepreneur, ya analiza ocultar el conteo de corazones o likes, con el propósito de reducir la obsesión de vanidad de los usuarios y combatir los llamados falsos seguidores, lo que impactaría en la forma actual de comercialización de miles de empresas y los obligaría a buscar nuevas propuestas de medición mercadológica.

Sin duda la tecnología seguirá sorprendiéndonos y tal vez en el futuro ya no existan redes sociales sino antisociales, tal vez, entonces, quieras subir cosas para no compartirlas o para que nadie se entere de ellas y tal vez, algún día, Facebook será solo un cementerio de datos personales olvidados como aquella caja de fotos que guardas en algún armario.

Por: Mtro. Omar Saldaña Medrano

Egresado de la Licenciatura en Comunicación, Especialidad en Gestión Internacional y Maestría en Gobernanza y Globalización de la UDLAP.

 

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