La reforma migratoria, el insomnio americano

La reforma migratoria, el insomnio americano

La reforma migratoria como punto de agenda por el gobierno de los Estados Unidos, debe ser  vista como una necesidad ante la inminente realidad que prevalece en la frontera, ya que sin las condiciones propias para regular este flujo de personas, la crisis humanitaria en la zona fronteriza seguirá en aumento irremediablemente, causando así, grandes gastos en materia de seguridad nacional para ambos lados de la frontera.

Organismos civiles han presentado una queja ante Megan Mack, directora de los derechos y libertades civiles del Departamento de Seguridad Interna  (DHS), de los Estados Unidos. En esta queja se describen los innumerables abusos a los cuales han sido sometidos los migrantes por parte de los agentes fronterizos, situación que por décadas no ha sido ajena a dicho organismo. Aunque lo indescriptible e intolerable es que sigue creciendo la impunidad y las graves violaciones a los derechos humanos.

El lado más doloroso de la inmigración la padecen, y han atestiguado, los niños migrantes que son capturados al pasar la frontera, sin algún adulto que les acompañe y vele por su seguridad y necesidades más básicas, como el agua, la comida y una cama, su seguridad está a cargo de los agentes fronterizos que según la queja presentada por Ashley Huebner, abogada a cargo de la protección de infantes del Centro Nacional para la Justicia Inmigrante, los agentes fronterizos someten a los niños migrantes a agraves abusos psicológicos, insultos raciales y abusos sexuales. Estos hechos sólo pueden ser posibles si existe impunidad, tolerancia y protección para los agresores, ya que la falta de un protocolo para tratamiento de los menores migrantes, la indiferencia social ante el problema y la incapacidad para lograr una verdadera reforma migratoria integral y acorde con el respeto a los derechos humanos, está generando una crisis humanitaria en la frontera México-americana. Los tratos crueles e inhumanos no han conseguido detener la migración de estos niños que saben el peligro que representa su viaje y que pueden arriesgar su integridad física y moral.

Funcionarios del gobierno de los Estados Unidos calculan que el número de niños que cruzan la frontera sin supervisión de un adulto podría ascender a 90 mil durante este 2014, y este fenómeno traerá consigo graves daños sociales y estructurales, pues los niños que han sido víctimas de la falta de una reforma que les proteja  se deshumanizan, en un futuro pierden la confianza en las instituciones y se desgrana el tejido social, causando graves problemas y daños irreversibles a la seguridad nacional de ambos países.

Acerca del autor: Elizabeth Espinoza Monroy es Doctora en derecho con Mención Honorífica, por la Universidad Panamericana. Cuenta con una Maestría en Investigación y Docencia por la Universidad Nacional Autónoma de México, en la que obtuvo Mención Honorífica. Fue becaria CONACYT por la investigación titulada “Proyecto de Modelo para la Educación Jurídica Superior (Vida en el Aula)”, dentro del sistema de Excelencia del Posgrado de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Asimismo, obtuvo una beca, otorgada por el CONACYT por la investigación intitulada “La educación jurídica superior”, para la realización de estudios de Posgrado. Desde 2009 es miembro del Sistema Nacional de Investigadores CONAC y T “C”. Ha colaborado en estudios realizados en conjunto entre México y la Unión Europea y la Secretaria de Educación Pública Federal a través de la Dirección General de Acreditación, Incorporación y Revalidación sobre los retos planteados para la internacionalización de la educación superior y las herramientas desarrolladas para facilitar la cooperación académica y la movilidad estudiantil. Autora de diversos artículos relacionados a la investigación en revistas jurídicas especializadas, ha publicado el libro Paradigmas de la educación jurídica de la editorial Porrúa, actualmente es profesor de tiempo completo de la Universidad de las Américas Puebla.

Por: Elizabeth Espinoza Monroy
Profesora de tiempo completo del Departamento de Derecho de la UDLAP
elizabeth.espinoza@udlap.mx

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