La Microbiota Intestinal: Un Aliado Invisible

La Microbiota Intestinal: Un Aliado Invisible

Los billones de microorganismos que habitan nuestro tracto gastrointestinal influyen notablemente en nuestro organismo, regulando no solo funciones metabólicas sino también emocionales a través del eje microbiota-intestino-cerebro (MIC), una red de comunicación bidireccional que redefine lo que entendemos por trastornos metabólicos y mentales (Icaza, 2013). Aunque se ha estudiado la depresión desde perspectivas biológicas, psicológicas y sociales, en la última década se ha revelado un nuevo factor clave: la microbiota intestinal. En estado de equilibrio, el cuerpo muestra una mayor resistencia a enfermedades y una notable estabilidad emocional. Por el contrario, un desequilibrio puede detonar una serie de problemas, incrementando la permeabilidad intestinal, promoviendo la inflamación crónica y alterando la producción de neurotransmisores esenciales como la serotonina y la dopamina, cruciales para regular el estado de ánimo (Castañeda, 2020).

Uno de los principales moduladores de la microbiota es la dieta, por lo tanto, cualquier modificación en la alimentación influye en la disponibilidad de nutrientes y en la composición de las cepas microbianas (Álvarez et al., 2018). El consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas ha reemplazado la dieta tradicional mexicana, conocida como “Dieta de la Milpa”, rica en granos, vegetales y leguminosas (Martínez-Mota et al., 2023). Este cambio alimentario se asocia con el incremento de patologías como el sobrepeso y la obesidad, que afectan a más del 70 % de los adultos en México (Torres-Vargas et al., 2024). Además, este patrón alimenticio moderno se vincula con un mayor riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y síntomas depresivos.

Ciertos nutrientes pueden modular la microbiota, como es el caso de la fibra dietética. Nuestras bacterias intestinales,  al fermentar la fibra, producen ácidos grasos de cadena corta, los cuales fortalecen el sistema inmune y reducen la inflamación intestinal, disminuyendo la probabilidad de depresión (Abreu et al., 2021). De igual modo, los probióticos en alimentos fermentados como el yogurt o el kimchi son considerados psicobióticos, ya que mejoran la comunicación del eje MIC, reduciendo el estrés y la ansiedad (Jach et al., 2023).

Al comparar las dietas tradicionales con las occidentales, los resultados son los siguientes: las primeras promueven una microbiota más diversa y saludable. En comunidades africanas con dietas ricas en fibra vegetal, predominan bacterias del género Prevotella, asociadas con una mejor salud mental. En cambio, en las sociedades industrializadas, con sus dietas pobres en fibra, como es el caso de México, muestran una microbiota dominada por Bacteroides, un género vinculado a la inflamación y la depresión (Álvarez et al., 2018).

Por otra parte, mantener una microbiota equilibrada no solo impacta el metabolismo, sino también los niveles de bienestar psicológico. Estudios recientes sugieren que la regulación del eje MIC podría integrarse en estrategias terapéuticas complementarias para el manejo de trastornos depresivos, destacando la importancia de la nutrición como herramienta preventiva y de acompañamiento clínico (Averina et al., 2024).

Finalmente, al comprender esta interrelación, se evidencia el impacto de la microbiota en la salud física y mental. Sin embargo, muchas de estas afecciones no se tratan adecuadamente debido a su normalización. En este contexto, la solución podría encontrarse en la alimentación, retomando ingredientes fundamentales de los platillos tradicionales, como el maíz, los nopales, los quelites y los frijoles. De esta manera, se fortalecería la microbiota intestinal, se reducirían los índices de obesidad y sobrepeso, y se contribuiría a prevenir el desarrollo de trastornos depresivos.

Referencias:
Sobre las autoras:

Camila Díaz Serrano

Departamento de Ciencias de la Salud.

Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Nutrición en la Universidad de las Américas Puebla, cursando el quinto semestre. Interesada en la relación entre la microbiota intestinal, la salud mental y obesidad.

Contacto: camila.diazso@udlap.mx

Dra. Taisa Sabrina Silva Pereira

Licenciada en Nutrición. Maestría y Doctorado en Salud Colectiva. Actualmente su investigación se enfoca en la epidemiología nutricional, particularmente en enfermedades crónicas no transmisibles, con numerosas publicaciones en revistas internacionales de alto impacto. Además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1.

Contacto: taisa.silva@udlap.mx

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