De la cooperación a la dependencia: lecciones del cine sobre la IA y la toma de decisiones

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De la cooperación a la dependencia: lecciones del cine sobre la IA y la toma de decisiones

Desde hace décadas, el cine ha imaginado futuros en los que humanos y máquinas conviven, colaboran o compiten. Mucho antes de que términos como machine learning o inteligencia artificial (IA) formaran parte de la vida cotidiana, diversas películas ya exploraban una pregunta central: ¿qué ocurre cuando comenzamos a delegar decisiones en sistemas que no comprendemos del todo?

Hoy, esa pregunta ha dejado de ser ciencia ficción. Forma parte del día a día en el análisis de datos y en los negocios, donde modelos y sistemas influyen e incluso condicionan decisiones con consecuencias reales.

Más que anticipar tecnologías específicas, estas narrativas permiten observar distintos tipos de relación entre humanos y sistemas inteligentes. En este artículo se analizan tres arquetipos recurrentes: cooperación, competencia y dependencia, como una forma de entender cómo la inteligencia artificial transforma los procesos de decisión en contextos organizacionales.

Cooperación: la máquina como apoyo

En este arquetipo, la relación entre humanos y máquinas se basa en el trabajo conjunto. La inteligencia artificial no sustituye al humano ni compite con él, sino que amplía sus capacidades. La toma de decisiones sigue siendo responsabilidad de las personas, mientras que la tecnología funciona como apoyo.

Algunas narrativas cinematográficas muestran este equilibrio de forma clara. En Interstellar, los sistemas colaboran con los humanos en condiciones complejas, aportando precisión y procesamiento sin reemplazar su criterio. De manera similar, en Star Wars, los droides cumplen funciones como asistentes, pero las decisiones siguen estando en manos de los personajes humanos. Un caso interesante es Moon, donde el sistema GERTY, diseñado para seguir instrucciones corporativas, termina ayudando al protagonista. Aquí, la tecnología no solo ejecuta tareas, sino que también puede alinearse con el bienestar de las personas.

En la operación de las empresas, este enfoque se refleja cuando los modelos ayudan a analizar información, detectar patrones o reducir carga operativa, sin sustituir el juicio profesional. El valor no está solo en automatizar, sino en mejorar la calidad de las decisiones.

Para quienes toman decisiones, el cine sugiere que la IA debe ser gestionada para asegurar que el trabajo sea cooperativo (Hudson et al, 2023). Requiere definir con claridad el papel de la inteligencia artificial y confirmar que sus objetivos estén alineados con los de la organización. La tecnología debe estar al servicio de las decisiones humanas.

Competencia: la máquina como sustituto

En este arquetipo, el cine muestra una relación de competencia entre humanos y máquinas. La inteligencia artificial suele presentarse como superior en velocidad, cálculo o fuerza, lo que activa una preocupación recurrente: que la tecnología termine desplazando a quienes la crearon. En muchos casos, la IA aparece primero como una herramienta para mejorar la eficiencia, pero esa misma ventaja la convierte en un posible sustituto del trabajo humano (Molesworth, 2026).

Algunas historias llevan esta idea al extremo. En The Terminator, el sistema Skynet decide eliminar a la humanidad al verla como una amenaza. Una versión más sutil aparece en Ex Machina, donde la ventaja de la inteligencia artificial está en su capacidad para anticipar y manipular el comportamiento humano. En ambos casos, la tecnología introduce formas de decisión que no necesariamente coinciden con los intereses humanos (Korstanje, 2024).

En el ámbito empresarial, esto se observa cuando los modelos no solo apoyan decisiones, sino que compiten con el juicio humano. El riesgo no es solo el reemplazo de funciones, sino que cambien los criterios bajo los cuales se decide. En la película clásica 2001: A Space Odyssey, el comportamiento de HAL 9000 se atribuye a instrucciones contradictorias que la IA no pudo resolver éticamente.

Por ello, es clave tener claridad sobre los objetivos y evitar sistemas incomprensibles. Cuando la adopción de estas herramientas se justifica únicamente por eficiencia, sin explicar sus alcances y límites, pueden surgir desconfianza y resistencia. Más que evitar la automatización, el reto es definir su papel dentro de los procesos de decisión y sus implicaciones a largo plazo.

Dependencia: cuando el modelo domina la decisión

En este arquetipo, el cine muestra cómo los humanos pueden ir cediendo control hasta volverse dependientes de los sistemas que utilizan. A diferencia de la competencia, aquí no hay conflicto abierto, sino una transición gradual en la que la tecnología deja de ser una herramienta y se vuelve indispensable.

En WALL-E, la automatización ha simplificado la vida al punto de eliminar la necesidad de decidir. Las personas se convierten en usuarios pasivos de un sistema que organiza su entorno y su comportamiento. Un caso más radical aparece en The Matrix, donde los humanos dependen por completo de un sistema para subsistir. Aunque es una representación ficticia, ilustra bien una idea clave: cuando un sistema se vuelve indispensable, también deja de cuestionarse.

En la toma de decisiones organizacionales, esto puede ocurrir cuando los procesos dependen de modelos cuya lógica no es clara para quienes toman decisiones. El uso de modelos complejos, vistos como cajas negras, puede llevar a aceptar resultados sin analizarlos con suficiente cuidado. A esto se le puede llamar dependencia operativa: una situación en la que los sistemas terminan definiendo la decisión. El problema no es solo técnico, sino la pérdida gradual del criterio profesional.

Desde la gestión, la lección es no delegar demasiada autoridad a la IA, pues esto puede crear una relación donde el humano queda subordinado al sistema (Favaro, 2019). Esto implica revisar resultados, entender en términos generales cómo funcionan y reconocer en qué situaciones pueden fallar.

Conclusiones

El valor del cine no está en predecir tecnologías específicas, sino en explorar sus implicaciones. Las historias que vemos en pantalla suelen exagerar o simplificar la realidad, pero también revelan patrones que cada vez son más visibles en los negocios.

Los tres arquetipos permiten resumir estas dinámicas. La cooperación busca potenciar las capacidades humanas mediante el uso de herramientas tecnológicas; la competencia plantea escenarios donde los sistemas pueden sustituir funciones humanas; y la dependencia advierte sobre el riesgo de ceder el control hasta limitar la autonomía en la toma de decisiones.

En este contexto, la inteligencia artificial no es un elemento neutral. Los sistemas incorporan objetivos, supuestos y criterios que deben ser entendidos y gestionados. Más que un reto técnico, su adopción implica decisiones organizacionales sobre el papel que deben tener en los procesos de trabajo.

En los negocios, la discusión ya no se limita a qué herramientas utilizar, sino a qué tipo de relación se quiere construir con ellas. Esto implica definir cuándo automatizar, cuándo intervenir y cuándo cuestionar los resultados que generan. Así, la pregunta relevante deja de ser si las máquinas pueden hacer algo, para centrarse en cómo las personas las integran en sus procesos y bajo qué criterios confían en sus resultados.

Referencias:
  • Favaro, A. (2019). Digital Culture: Fears, Hopes and Uncertainty about Artificial Intelligence in Sci-Fi Movies. En New Approaches in Media and Communication. Peter Lang.
  • Korstanje, M. E. (2024). AI and Robots in Science Fiction Movies: Why Should We Trust in AI? En Digital Culture and Social Change (Capítulo 7, pp. 141-153). IGI Global.
  • Hudson, A. D., Finn, E., & Wylie, R. (2023). What can science fiction tell us about the future of artificial intelligence policy? AI & Society, 38, 197-211.
  • Molesworth, M., Grigore, G., Miles, C., & Charitsis, V. (2026). Metaphors of symbiosis: What science fiction movies reveal about human-AI imaginaries. Management Learning, 57(1), 92-119.
Sobre los autores:

Adán Reyes Santiago

Maestro en Estadística Aplicada por el Tecnológico de Monterrey. Ha impartido docencia en instituciones como el Tecnológico de Monterrey, EGADE Business School y la Universidad de Monterrey. Sus investigaciones han sido publicadas en revistas internacionales arbitradas. Actualmente se desempeña como científico de datos.

Jaime González Maiz Jiménez

Doctor en Ciencias Administrativas con especialidad en Finanzas por la EGADE Business School sede Monterrey. Profesor de Tiempo Completo en la UDLAP desde el 2015. Apasionado de la Docencia e Investigación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y su campo de especialidad son las Finanzas Corporativas y los Mercados Financieros.

Contacto: jaime.gonzalezmaiz@udlap.mx