La historia que vive en los cafetales
¿Alguna vez se han detenido a pensar en la historia que existe detrás de una taza de café? Porque antes de llegar a nuestras manos, ese café pasó por las manos de hombres y mujeres que han dedicado su vida a trabajar la tierra con esfuerzo, paciencia y esperanza.
Hoy quiero contarles de ellos: de los productores de mi comunidad, San José Chagchaltzin, y de miles de campesinos que todos los días mantienen viva una tradición que forma parte de nuestra identidad. En el pasado, nuestros abuelos y bisabuelos hicieron del café una forma de vida. Preparaban la tierra, sembraban las matas y caminaban largas distancias para vender su cosecha porque no existían los medios de transporte que hoy conocemos. Trabajaban con pocas herramientas, pero con una enorme voluntad. Gracias a ellos, los cafetales crecieron y las familias encontraron en el campo una oportunidad para salir adelante.
Mi papá, que también es productor de café, suele contarme historias de aquellos años. Recuerda cómo, desde muy joven, aprendió que cada cosecha era el resultado de meses de trabajo y que la tierra solo recompensa a quienes la cuidan con constancia. Hoy, esa historia continúa. Cada temporada de cosecha, los productores recorren los cafetales para cortar únicamente los granos maduros, cuidando cada planta para que vuelva a producir. Después vienen otros procesos igual de importantes: despulpar, lavar, secar y preparar el café que finalmente llega a nuestras mesas.
Sin embargo, el presente también trae grandes desafíos. Las plagas afectan los cultivos, los precios cambian constantemente y, muchas veces, el esfuerzo de los productores no recibe una recompensa justa. Aun así, ellos siguen levantándose antes del amanecer para trabajar de gallo a grillo, porque saben que de cada cosecha depende el bienestar de sus familias.
Gracias a ese esfuerzo, muchos hijos de campesinos hemos tenido la oportunidad de estudiar, llegar a la universidad y construir un mejor futuro. Detrás de cada profesionista, de cada maestro, de cada médico o de cada ingeniero que nació en una comunidad cafetalera, también existe el trabajo silencioso de quienes nunca dejaron de cultivar la tierra.
Pero el futuro depende de nosotros. Si dejamos de valorar el campo, si abandonamos nuestros cafetales o si olvidamos el trabajo de nuestros productores, también estaremos dejando atrás una parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Por eso, debemos reconocer a quienes cultivan la tierra, consumir el café que producen nuestras comunidades y transmitir a las nuevas generaciones el orgullo por sus raíces. Porque cuidar el campo no solo significa proteger una actividad económica; significa conservar nuestra cultura, nuestras tradiciones y la historia de quienes nos dieron la oportunidad de llegar hasta aquí.
Hoy los invito a mirar una taza de café con otros ojos. A recordar que en cada grano hay madrugadas de trabajo, manos cansadas, sueños de familias enteras y una esperanza que renace con cada cosecha. Mientras exista un productor dispuesto a sembrar, cuidar la tierra y cosechar con amor, la historia que vive en los cafetales seguirá escribiéndose.
Sobre la autora
Alondra Jacobo Parra
Egresada del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas, generación 2026. Estudia la Licenciatura en Lengua y Cultura, donde ha destacado por su compromiso con el desarrollo comunitario. Participa en una brigada multidisciplinaria en Tuxtla Zapotitlán de Méndez con el proyecto “Huerto de Plantas Medicinales” y coordinó el evento conmemorativo del Día del Padre en la comunidad de San José Chagchaltzin. Ha colaborado en colectas de tapas para apoyar a fundaciones dedicadas al cáncer infantil, integra el comité de la iglesia de su comunidad, participa en reuniones de productores cafetaleros y ha fortalecido su formación mediante talleres artísticos. Su meta es titularse mediante una tesis sobre el desarrollo de habilidades socioemocionales en estudiantes de telesecundaria, concluir la licenciatura con un dominio avanzado del náhuatl.
Contacto: aloparra2005@gmail.com
