Escuchar antes que conservar

CONOCIMIENTO-CONTEXTO-UDLAP

Escuchar antes que conservar

Cuando escuché a la gente de mi comunidad conversar sobre cuál era el mejor momento para sembrar el maíz y que señales de la naturaleza anunciaban una buena cosecha y defendían con esfuerzo lo que sus padres les habían enseñado. Comprendí que hay conocimientos que no se encuentran en archivos o en los salones de clase.

Antes creía que conservar un saber consiste en escribirlo antes de que desaparezca.  Creía que registrar una historia, grabar o tomar fotografías era una forma de asegurar que ese conocimiento permanecería con el pasar de los años. Con el tiempo comprendí que estaba mirando solo una parte del camino. Los saberes no viven en las hojas de un cuaderno o de un libro, ni tampoco en esos documentos que guardamos con esmero y protegemos de que algún día se nos borre y no podamos consultarlo más, los saberes viven en las personas.

Durante el inicio de mi formación universitaria solía entender la investigación como la búsqueda de información. Pero más adelante, descubrí que la investigación también exige otras capacidades, como la paciencia, el respeto y la disposición de aprender. Las conversaciones reales comenzaron cuando dejé de buscar respuestas rápidas. Algunas surgieron mientras caminaba por las calles, otras durante una comida familiar y algunas otras mientras realizaba actividades tan cotidianas como ir al mercado. Entonces, empecé a comprender que los conocimientos no siempre aparecen cuando uno formula una pregunta, muchas veces aparecen cuando la otra persona siente que realmente está siendo escuchada.

Muchas veces se ha privilegiado aquello que puede medirse, clasificarse o escribirse. No obstante, existen conocimientos que solo se pueden comprender cuando se tiene la oportunidad de convivir con las personas que los practican. La medicina tradicional, la organización social, las fiestas, la agricultura, las fiestas patronales o el trabajo comunitario son resultado de años de observación, experiencia y transmisión oral. Su valor no depende de si están escritos o no, sino de que continúan siendo significativos para quienes lo viven.

No digo decir que escribir los saberes no valga la pena, al contrario es una forma de reconocer su importancia. Pero documentar no es exactamente lo mismo que conservar. Porque un libro puede permanecer años en un estante, en una biblioteca o en el rincón de una casa sin que nadie vuelva abrirlo. En cambio, la palabra o la frase que una madre o una abuela comparte con sus hijos o su nieta puede seguir viva durante generaciones, sin haber sido escrita.

Ahí comprendí que quizá el propósito de documentar los saberes no sea encerrarlos en un archivo, sino acompañar los esfuerzos de quienes continúan transmitiéndolos cada día. Porque los saberes no permanecen vivos porque alguien los escriba; permanecen vivos siempre que haya alguien dispuesto a escucharlo y a compartirlo.

Tal vez conservar un saber comienza mucho antes de escribirlo. Comienza cuando alguien decide detenerse a escuchar.

Sobre la autora

Alma Breida Juárez Juárez

Egresada del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas, generación 2026. Cursa la Licenciatura en Lengua y Cultura. Ha participado en proyectos de difusión cultural y revitalización lingüística, entre ellos la grabación del audiocómic “Mujeres Maíz en la lengua totonaca y la declamación de poesía en su lengua materna en distintos espacios socioculturales”. Su objetivo es continuar preparándose para contribuir al fortalecimiento de las lenguas originarias y a impulsar iniciativas que promuevan el reconocimiento de los pueblos originarios.

Contacto: almajuarezjuarez36@gmail.com