Donde el barro también enseña a pertenecer
Durante mi niñez, era común ver llegar a mis padres con cazuelas, comales y jarros de barro, mismos que adquirían en San Miguel Tenextatiloyan. Aquellas piezas formaban parte de nuestra vida cotidiana: presentes en la cocina, en las reuniones familiares, en las fiestas y en muchas ocasiones hasta en los momentos más sencillos del día a día. En ese entonces, aquellas piezas eran para mí simplemente objetos de uso cotidiano: una alcancía de cerdito cuidadosamente pintada, utensilios hermosos y útiles. Nunca imaginé que, años después tendría la oportunidad de regresar al lugar de donde provenían y mirar con otros ojos aquello que formó parte de mi infancia.
En el corazón del municipio de Zautla, Puebla, se encuentra San Miguel Tenextatiloyan, mejor conocido como San Miguel de las Ollas, una comunidad reconocida por su tradición alfarera, donde el barro no solo ha dado sustento a las familias por generaciones, sino que también se ha convertido en un símbolo de identidad, memoria y pertenencia. Aquí, la alfarería es un oficio y una herencia que por generaciones se ha llevado en el corazón y en las manos de quienes dedican su vida a transmitir sus conocimientos, con el fin de mantener viva una tradición que por años ha dado prestigio a la comunidad.
Quien visita San Miguel de las Ollas por primera vez probablemente quede maravillado por la belleza de las piezas que se exhiben en los talleres. Sin embargo, basta con permanecer un poco más para descubrir que el verdadero valor reside en las personas que la hacen posible. Detrás de cada pieza existe una historia familiar, una enseñanza transmitida con paciencia y un enorme compromiso por seguir preservando el legado que ha fortalecido a la comunidad por años.
Quizás lo más admirable de esta comunidad no se encuentra únicamente en las piezas de barro que se producen día con día en los talleres artesanales; también habita en aquellas mujeres y hombres que han hecho de este oficio una forma de vida, en las niñas y los niños que crecen y aprenden entre talleres, hornos y montones barro. Mientras los pequeños juegan con trozos de arcilla, otros intentan moldear sus primeras figuras bajo la mirada atenta a sus madres, padres y abuelos, quienes han dedicado toda su vida a este oficio.
En esa convivencia diaria descubren que cada pieza resguarda las historias de quienes los antecedieron y el esfuerzo compartido en sus hogares. Antes de dominar el oficio, heredan el orgullo de pertenecer a una comunidad que ha encontrado en la alfarería una forma de preservar su patrimonio e identidad. Lo que para muchos esto podría parecer solo una escena cotidiana, para otros representa en realidad el nacimiento de una nueva era de artesanas y artesanos que están listos para cuidar una tradición.
Con el paso del tiempo comprendí que la verdadera riqueza de San Miguel de las Ollas, se podía entender en la vida que transcurre alrededor de cada pieza. Fue precisamente durante mi proceso de vinculación comunitaria cuando esa comprensión comenzó a tomar forma. Llegué a esta comunidad con el propósito de conocer el proceso de elaboración de la losa de barro y acercarme un poco más a la práctica. Sin embargo, conforme convivía con las familias alfareras, entendí que mi aprendizaje iba mucho más allá de registrar técnicas y documentar procesos.
La vinculación comunitaria me enseñó que investigar también significa escuchar con atención, respetar los tiempos de la comunidad y reconocer que los saberes más valiosos no siempre se encuentran escritos. Se perciben en la conversación con una artesana mientras comparte sus experiencias, en la paciencia con la que un alfarero explica cada etapa del proceso o en la confianza que una familia deposita al abrir las puertas de su taller. Aquí me di cuenta de algo mucho más grande, y es que el conocimiento también se transmite a través de la convivencia, de los gestos, las palabras y los silencios que acompañan cada movimiento de las manos, convirtiéndolos así en una lección.
Hoy, cuando sostengo una cazuela, un comal o una taza elaborada por manos San Migueleñas, veo las manos y el corazón de quien puso empeño en ellas, veo las historias que escuché durante mi estancia en la comunidad, las niñas y los niños que algún día continuarán esta tradición y la generosidad con la que las familias compartieron conmigo una parte de su vida. Me resulta fascinante pensar que aquellas piezas que desde niña llegaban a mi hogar nunca estuvieron solas; siempre llevaron consigo la memoria, el esfuerzo y el orgullo de una comunidad que ha hecho del talento y la creatividad parte de su identidad.
Escribir estas líneas representa, para mí, una forma de agradecer. También nacen del deseo de corresponder, aunque sea con palabras a las a las mujeres y hombres que me permitieron aprender desde la cercanía; a las familias que compartieron generosamente sus conocimientos y a una comunidad que me enseñó que investigar también significa escuchar con humildad, construir vínculos de confianza y reconocer que los saberes más valiosos también nacen entre una mina de barro o bajo el techo de un pequeño taller donde la tradición continúa escribiéndose cada día. Si el barro conserva la memoria de San Miguel de las Ollas, espero que estas palabras puedan conservar, aunque sea en una pequeña medida, la admiración, el respeto y el profundo aprendizaje que esta comunidad dejó en mí.
“Porque hay comunidades que no solo conservan tradiciones; también enseñan a quienes las visitan una nueva manera de entender el mundo”

Sobre la autora
Citlali Martinez Ordoñez
Egresada del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas, generación 2026. Cursa la Licenciatura en Lengua y Cultura en la Universidad Intercultural del Estado de Puebla. En 2024 integró la capacitación virtual del programa Delegación Juvenil en la Asamblea General de las Naciones Unidas, organizada por la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la categoría Jóvenes de Procedencia Indígena. También participó en un conversatorio durante el 4.º Congreso Internacional de Investigaciones sobre el Mundo Totonaco. Cuenta con formación en Tecnologías Emergentes y actualmente funge como líder de una brigada interdisciplinaria en San Miguel Tenextatiloyan, Zautla, Puebla. Además, cursa el Diplomado en Educación para la Paz y Liderazgo de Mujeres Indígenas de la Fundación Rigoberta Menchú Tum. Su principal objetivo es formarse como docente y agente de cambio para fortalecer la identidad, la lengua y la cultura de las nuevas generaciones de su comunidad.
Contacto: citlali.martinezoz@udlap.mx
