Las chilenas como resistencia lingüística, cultural y artística del Ñuu Saví
La chilena es un son que se toca, se canta y se baila en gran parte de la región mixteca. El territorio se encuentra habitado por el pueblo Ñuu Savi, que en español se traduce como El Pueblo de la Lluvia. La Mixteca se divide geográficamente en tres partes: La Baja que abarca del suroeste de Puebla, el noroeste de Oaxaca y noreste de Guerrero; alta, al oeste de Oaxaca; y la costa corresponde a la costa chica, que a su vez es compartida por Oaxaca y Guerrero. Esta diversidad territorial también se refleja en las variantes de la chilena.
De acuerdo con Grissel Gómez Estrada (2019), la chilena afromestiza, propia de la Costa Chica, se caracteriza por su ritmo rápido, el zapateado recio y movimientos sensuales y festivos; la chilena mestiza, presente en la Mixteca Baja y entre los mestizos de la costa, conserva elementos similares aunque con un ritmo más pausado; mientras que la chilena indígena, correspondiente a la Mixteca Alta y Baja, suele ser instrumental, interpretada por bandas de viento y acompañada de un zapateado más suave y valseado.
El origen de las chilenas se remonta al siglo XIX. El investigador Moisés Ochoa Campos (1917-1985) documentó que este baile llegó a Acapulco en 1822, con la escuadra chilena enviada por el general Bernardo O’Higgins para apoyar a los insurgentes durante la Guerra de Independencia de México. Sin embargo, al arribar a la costa mexicana, el movimiento independentista ya estaba festejando. Los marineros chilenos se integraron a la celebración, tocando instrumentos de cuerda y bailando la cueca chilena con pañuelos en las manos.
El pueblo Mixteco, autodenominado Ñuu Saví, ha construido históricamente su existencia entre el arraigo al territorio de nuestros ancestros y la migración motivada por la necesidad económica. En este contexto, la música ha dejado de ser únicamente una expresión estética para convertirse en una forma de resiliencia cultural. La chilena, surgida de un intercambio entre influencias sudamericanas, indígenas y afromestizas, representa hoy una herramienta de preservación lingüística, identitaria y comunitaria. En este sentido, sostengo que las chilenas constituyen una forma de resistencia cultural y lingüística que permite la reterritorialización de la identidad na saví, la defensa del Tu´un Saví (lengua de la lluvia) y la visibilización de un sujeto político transnacional frente a la globalización y los procesos de asimilación cultural.
Para entender la chilena como resistencia, primero es necesario analizar su proceso de transculturación. Investigadores como Thomas Stanford (1984) y Carlos Ruiz Rodriguez (2004) señalan que la chilena tiene sus raíces en la cueca o zamacueca sudamericana. Sin embargo, el Ñuu Savi convirtió este ritmo extranjero en una expresión propia. En términos de Guillermo Bonfil Batalla (1988), esto constituye un ejercicio de control cultural, pues la comunidad adopta elementos externos y los resignifica desde su propia cosmovisión. Asi, la chilena dejo de ser el baile del marinero para transformarse en una representación del sentimiento indígena y afromestizo de la Costa Chica y la Mixteca.
La resistencia lingüística y cultural de la chilena tambien se encuentra en sus coplas. Grissel Gomez Estrada (2012, 2015) identifica en ellas las llamadas “coplas de la tierra”, composiciones que funcionan como un archivo de la memoria comunitaria. En las chilenas, la tierra se convierte en un símbolo afectivo y espiritual: se le canta, se le recuerda y se le extraña. Esto tiene especial relevancia en los procesos migratorios, pues muchos Na Ñuu Saví que viven en lugares como San Quintín o California mantienen un vínculo emocional con su comunidad de origen a través de la música. La chilena permite entonces una reterritorialización simbólica, donde el territorio se reconstruye mediante el canto y la memoria.
La migración también transformó la chilena en una herramienta de visibilidad social. Everardo Garduño, Mata y Navarro (2010) documentan cómo, en los campos agrícolas del norte de México, la música permitió que Na Ñuu Savi dejaran de ser vistos únicamente como mano de obra invisible para convertirse en una comunidad culturalmente reconocida. La chilena, interpretada en festivales, reuniones comunitarias y espacios públicos, funciona como una afirmación de identidad y como una exigencia simbólica de reconocimiento y derechos.
La resistencia lingüística se fortalece cuando las chilenas son interpretadas en Tu´un Savi o en otras lenguas originarias. Aunque muchas variantes son instrumentales, aquellas que incorporan coplas en lengua originaria desafían directamente los procesos históricos de castellanización impuestos. En este sentido, medios como la Radio XEQIN “La voz del Valle” en San Quintín, Baja California, han sido fundamentales para difundir música en lenguas originarias y fortalecer el orgullo lingüístico entre las nuevas generaciones.
Finalmente, la chilena tambien constituye una forma de resistencia corporal y simbólica. El zapateado sobre la tarima o la artesa representa una afirmación de la presencia histórica y cultural de los pueblos indígenas y afromestizos dentro de México. Cada golpe rítmico sobre la madera expresa memoria, pertenencia y continuidad cultural. La chilena logra articular la alegría, la nostalgia y la resistencia, adaptándose incluso a contextos transnacionales sin perder su esencia comunitaria.
Aunque la chilena está asociada principalmente con La Mixteca y la Costa Chica, con el paso del tiempo el género ha trascendido sus fronteras territoriales y linguisticas, convirtiéndose en un puente cultural entre diverdos puerblos originarios del sur de mexico. La chilena ya no pertenecve exclusivamente al Ñuu Savi, sino que ha sido apropiada, reinterpretada y preservada por otros pueblos como los Suljaa (Amuzgos), Xna’anj nu´ (triquis), Ayuuk (Mixes), quienes han encontrada en este género una forma de reafirmación identitaria y resistencia cultural.
En el caso del pueblo Suljaa (Amuzgo), particularmente en comunidades como Xochistlahuaca, Guerrero, y San Pedro Amuzgos, Oaxaca, la chilena ocupa un lugar fundamental dentro de su repertorio musical y festivo. Una de las principales manifestaciones de esta apropiación cultural es la composición e interpretación de las chilenas en Lengua Nomndaa (Amugo). Agrupaciones musicales han incorporado el género dentro de sus producciones artísticas, fusionándolo con sones y boleros tradicionales. Asimismo, el baile de la chilena dentro de las festividades patronales conserva un profundo sentido ceremonial, donde el uso de la indumentaria propia y el zapateado funcionan como expresiones visibles de resistencia cultural frente a los procesos de mestizaje y homogeneización.
Por otra parte, el pueblo Triqui también ha incorporado la chilena como una de sus principales músicas de convivencia y celebración. Debido a las relaciones históricas y linguisticas entre triquis y mixtecos, este género logró integrarse fácilmente dentro de las practricas festivas comunitarias. En contextos migratorios como los asentamientos en San Quintín o California, la chilena es una herramienta de reconstrucción comunitaria y pertenencia colectiva. Las nuevas generaciones utilizan la chilena para mantener vínculos culturales con sus comunidades de origen, incluso a través de redes sociales y espacios digitales. Musicalmente, los triquis han adaptado la chilena a sus propios ensambles de cuerdas y bandas de viento otorgándole un ritmo más acelerado y vigoroso.
En cuanto al Pueblo Mixe, aunque posee una fuerte tradición musical centrada en las bandas filarmónicas, la chilena también ha logrado entrar en la Sierra Norte de Oaxaca. Las bandas Mixes han incorporado chilenas tradicionales dentro de sus repertorios. Así pues, interpretar chilenas representa una forma de dialogo cultural entre las distintas regiones y culturas de Oaxaca, fortaleciendo los lazos interculturales mediante la música.
La expansión de la chilena hacia otros pueblos originarios demuestra que este género funciona como una expresión cultural transfronteriza. Benjamín Muratalla señala que la chilena constituye un “son de paño” capaz de generar comunicación y encuentro entre grupos históricamente separados por conflictos, diferencias étnicas o distancias territoriales. El ritmo compartido, el lenguaje del zapateado y la experiencia migratoria han permitido que la chilena se convierta en un espacio simbólico de unión colectiva.
De igual manera, la migración ha contribuido a que la chilena trascienda las fronteras físicas. En este sentido, la chilena actúa como un cordón umbilical simbólico que mantiene viva la memoria comunitaria, sin importar la etnia especifica o el lugar donde se encuentre el migrante. La chilena dejó de pertenecer exclusivamente a un territorio para convertirse en una memoria colectiva compartida, capaz de unir pueblos distintos mediante el ritmo, la lengua y la experiencia migratoria. Su permanencia demuestra que la resistencia cultural no ocurre de manera aislada, sino a través de redes comunitarias que continúan fortaleciendo la identidad de los pueblos originarios del sur de México.
En conclusión, las chilenas son mucho más que un género musical; representan una infraestructura cultural mediante la cual el Ñuu Saví preserva su identidad y proyecta su futuro. En ellas convergen la memoria histórica, la resistencia lingüística y la experiencia migratoria. Frente a la globalización y al riesgo de la perdida cultural, la chilena continúa siendo una forma viva de resistencia. Mientras exista una chilena sonando en una fiesta, en una radio comunitaria, en un campo agrícola, en el reproductor musical de un universitario, existirá también una comunidad que se niega a ser olvidada y que continúa cantando en su propia lengua.
Referencias
- Bautista Santiago, N. A. (2022). Paisajes mediáticos de la Mixteca oaxaqueña: imágenes para un futuro étnico. Cuicuilco Revista de Ciencias Antropológicas, (85), 137-164.
- Bonfil Batalla, G. (1988). La teoría del control cultural en el estudio de los procesos étnicos. Anuario Antropológico/86. Universidade de Brasilia.
- Estudillo Tolentino, F. A. (2008). La chilena de Santiago Pinotepa Nacional, Oaxaca: de los orígenes a la identidad étnica. Antropología, 168-171.
- Fernández Gatica, A. (1988). La chilena. Instituto de Investigaciones Históricas, Sociológicas y Literarias de San Pedro Amuzgos.
- Frenk, M. (1998). Cancionero folklórico de México (T. 1). El Colegio de México.
- Garduño, E., Mata, C., & Navarro, A. (2010). Música y visibilidad de los mixtecos en San Quintín. Revista Chilena de Antropología Visual, (16), 133-163.
- Gómez Estrada, G. (2010). La tierra natal y la amada en la chilena. En D. Cuéllar (Ed.), Literatura de tradición oral en México. Universidad Veracruzana.
- Gómez Estrada, G. (2012). Estructura y recursos poéticos de la chilena: lírica popular de la Mixteca [Tesis de Doctorado, UNAM].
- Gómez Estrada, G. (2015). Coplas de la tierra en la chilena, lírica tradicional de la Mixteca. BLO, 5, 103-116.
- López, P. (2007). La estructura musical en coplas de la Mixteca de la Costa. En A. González (Ed.), La copla en México (pp. 301-308). El Colegio de México.
- Muratalla, B. (2004). La chilena de la Costa Chica como representación simbólica de procesos sociales [Tesis de Maestría, UNAM].
- Revilla, U. (2000). La chilena mixteca transnacional [Tesis de Licenciatura, UAM].
- Ruiz, C. (2004). Versos, música y baile de artesa de la Costa Chica. FONCA-El Colegio de México.
- Stanford, T. (1984). El son mexicano. Fondo de Cultura Económica.
Sobre la autora
Yuridia Perez Romero
Egresada del Programa de Liderazgo para Jóvenes Indígenas, generación 2026. Estudiante de la Licenciatura en Educación Intercultural en la Universidad Autónoma Indígena de México en Sinaloa. Pertenece al pueblo Ñuu Saví; su lengua materna es el Tu’un Savi. Sus intereses se centran en la revitalización lingüística, la educación intercultural y el fortalecimiento de la participación de las mujeres indígenas desde la educación, la organización y la participación comunitaria. Entre sus objetivos se encuentran realizar estudios de posgrado en educación, interculturalidad, pueblos originarios y contribuir, desde el servicio público, al desarrollo de su comunidad.
Contacto: yuridia616perez@gmail.com
