La Máscara del Odio en Sídney: Una Tragedia de la Avaricia Cognitiva
La noticia llega desde Bondi Beach, Sídney, pero el eco del disparo resuena en la conciencia de cualquier ser humano civilizado. Un nuevo ataque contra la comunidad judía nos obliga, una vez más, a formular la pregunta más dolorosa y persistente de nuestra historia moderna: ¿Por qué?
La respuesta inmediata suele buscarse en la geopolítica o en el extremismo religioso, pero estas explicaciones resultan insuficientes para un fenómeno tan visceral y recurrente. Al observar la tragedia a través de la lente de las Ciencias del Comportamiento y la Psicología Económica, lo que encontramos es algo más inquietante: el colapso de nuestra racionalidad y el triunfo de lo que los psicólogos sociales Susan Fiske y Shelley Taylor (1991) conceptualizaron como el “avaro cognitivo” (cognitive miser).
Colin Rubinstein, director del Consejo de Asuntos Judíos Australia/Israel, advirtió con escalofriante precisión: “Hemos advertido durante años que el vitriolo antisemita incesante… evolucionaría hacia la violencia antisemita si no se controlaba” (Rubinstein, 2025). Rubinstein no estaba profetizando en el vacío; estaba describiendo empíricamente la Escala del Prejuicio de Gordon Allport (1954). El odio no es un interruptor que se enciende espontáneamente; es una escalera mecánica de desensibilización. Comienza con la antilocución – el insulto verbal, el chiste cruel, el “ruido de fondo” -, pasa por la discriminación sistémica y, si la sociedad no activa sus frenos morales, culmina inevitablemente en la violencia física. Lo que sucedió en Sídney no fue un acto aleatorio, fue la fase terminal de un proceso que hemos tolerado colectivamente.
Pero, ¿qué ocurre en la maquinaria mental del agresor? Aquí es donde la psicología económica arroja luz sobre la oscuridad. El ser humano es, por naturaleza, un avaro cognitivo: pensar es metabólicamente costoso, y el cerebro prefiere los atajos. Daniel Kahneman (2011) nos enseñó que, bajo estrés, incertidumbre o adoctrinamiento, el “Sistema 1” (rápido, instintivo y emocional) secuestra al “Sistema 2” (lento, lógico y deliberativo).
El antisemita opera bajo una heurística de representatividad defectuosa. No ve a un individuo —un padre, una hija, un amigo—; ve una categoría abstracta. Como señala el historiador David Nirenberg (2013) en su análisis de la tradición occidental, el judaísmo se convierte en una “máscara” pedagógica. La sociedad proyecta sus miedos más profundos sobre esta máscara para definir su propia identidad por oposición. En el siglo XIX, Karl Marx, en su compleja retórica sobre la cuestión judía, utilizó esta abstracción para equiparar al judaísmo con el capitalismo (Schacher), consolidando un estereotipo trágico: el miedo a la fuerza económica invisible se transformó en odio hacia un grupo humano visible. El agresor en Sídney no atacó a personas reales; atacó a esa “máscara” construida por siglos de pedagogía del miedo.
A esto se suma la peligrosa heurística que Gerd Gigerenzer (1999) denomina “toma de decisiones por una sola razón” (One-Reason Decision Making). Para el fanático, la inmensa complejidad del mundo y la riqueza de la experiencia humana se reducen a una sola variable binaria: “¿Es judío?”. Si la respuesta es afirmativa, se anula instantáneamente toda empatía, toda lógica y toda consideración moral. Es la eficiencia cognitiva puesta al servicio de la barbarie.
Hannah Arendt (1963) describió este fenómeno como la “banalidad del mal”: el gran horror no siempre surge de monstruos sádicos, sino de personas que renuncian a la facultad de pensar, individuos que se dejan llevar por la corriente de la normalización del odio. Cuando aceptamos el grafiti insultante como parte del paisaje urbano o toleramos el discurso de odio en redes sociales, estamos banalizando el primer paso hacia el asesinato.
El primer ministro australiano, Anthony Albanese, declaró, sin duda tardíamente. que “no hay lugar para este odio” y reafirmó el apoyo de los australianos a la comunidad judía (Albanese, 2025). Sin embargo, al leer sus palabras, uno siente la necesidad imperiosa de tachar la nacionalidad. Esto no es un asunto de «australianos». Es un asunto de la humanidad entera. El odio busca aislar a la víctima, decirle “estás solo”. Nuestra respuesta, basada en la razón y la empatía más elemental, debe ser la opuesta: el ataque a uno es el ataque a todos.
Para mis seres más queridos que hoy se preguntan por qué, la respuesta es que el mundo falló en detener la maquinaria cognitiva del odio antes de que acelerara. La única vacuna es la educación del pensamiento crítico: obligar a nuestro cerebro a vencer su avaricia cognitiva y ver, siempre, el rostro humano detrás de la máscara.
Referencias:
- Albanese, A. (2025, 14 de diciembre). Prime Minister’s Statement on Jewish Community Safety. The Guardian. https://www.theguardian.com
- Allport, G. W. (1954). The nature of prejudice. Addison-Wesley.
- Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A report on the banality of evil. Viking Press.
- Fiske, S. T., & Taylor, S. E. (1991). Social cognition (2nd ed.). McGraw-Hill.
- Gigerenzer, G., & Todd, P. M. (1999). Simple heuristics that make us smart. Oxford University Press.
- Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow. Farrar, Straus and Giroux.
- Nirenberg, D. (2013). Anti-Judaism: The Western tradition. W. Norton & Company.
- Rubinstein, C. (2025, 14 de diciembre). Statement on Bondi Beach Incident. The Guardian. https://www.theguardian.com
Sobre el autor:
Dr. Felipe de Jesús Bello Gómez
Doctor y Maestro en Economía, Maestro en Finanzas y Licenciado en Ingeniería en Sistemas Computacionales por la Universidad de las Américas Puebla. Cuenta con experiencia profesional en el ramo turístico, automotriz y financiero, además del académico. Cuenta con una especialidad de reconocimiento de Micro expresiones, nivel experto por Paul Ekman Group. Actualmente, funge como Director Académico del Departamento de Banca e Inversiones de la Universidad de las Américas Puebla y participante del Laboratorio de Inteligencia y Psicología Económica.
Contacto: felipe.bello@udlap.mx
