Un contador para el mañana

Un contador para el mañana

Hace cien años una materia del plan de estudios de los contadores era Caligrafía. Un contador debía tener buena letra; todavía hace cincuenta años un eminente socio de un despacho de auditores veía los papeles de trabajo de su mejor encargado de auditoría y le decía: ¿Quién debe ver esto?

–¿Por qué?

–Para darle una aspirina, por el dolor de cabeza que le provocará tu letra.

El día de hoy –probablemente– lo que usted verá del contador son documentos impresos en archivos de Word o en cualquier otro paquete computacional y jamás sabrá cómo es su letra. Por cierto, el encargado de auditoría, del párrafo anterior, es ahora un financiero muy importante y casi nadie debe ver su letra.

Hace cuarenta años un profesor de contabilidad le preguntaba al personal de tecnología de la información, si sus ejercicios, que escribía a mano, que una secretaria pasaba a máquina y cuyos originales él atesoraba, podían ser introducidos en la computadora.

Ahora ese profesor modifica sus originales obsesivamente en su propia computadora y sus libros se venden más como e-book que en versión impresa.

Hace veinticinco años un contador o un director financiero pasaba parte importante de su jornada laboral firmando documentos y tenía en alta estima a su secretaria, si no cometía errores y tenía buena ortografía. No salía de su oficina desde las ocho de la mañana, era el primero en llegar, hasta las nueve de la noche, en que era el último en salir.

Hoy ese mismo directivo usa el correo electrónico de manera intensiva y recibe más de ochenta mensajes diarios, envía cuando menos veinte o treinta. No importa dónde está físicamente, ya que mientras hace ejercicio por las mañanas revisa en su teléfono inteligente algunos mensajes que le llegaron durante la noche de las sucursales de la empresa en China. Come con su tablet encendida –a su lado– y lo último que hace antes de dormir es mandar un mensaje a sus similares en Europa, comparando cifras. Vio en Internet que Tim Cook, el director de Apple, se levanta a las tres de la mañana para revisar sus correos y piensa que es buena idea.

No sabemos exactamente cómo será el futuro, no somos «futurólogos» somos contadores, pero sí sabemos que las universidades preparan contadores para el mañana y sabemos que los necesitamos con conocimientos técnicos muy sólidos, sin ningún miedo a la tecnología y abiertos a emprender nuevos caminos para un futuro que es incierto, pero sumamente seductor.

Lo más difícil será entender que debe sobrevivir y debe incorporarse. Parafraseando al general Douglas MacArthur, «esperemos que Dios nos conceda la sabiduría de distinguir lo que debe sobrevivir y lo que debemos incorporar».

Acerca del autor: Contador Público con estudios de Maestría en Administración y candidato a Doctor en Educación. Con más de 40 años de experiencia docente y profesional en contabilidad, costos, análisis financiero y auditoría. 291 cursos impartidos en diversas universidades, de los cuales el 88% ha sido a nivel licenciatura y el resto en maestría. 194 módulos de diplomado impartidos a personal de diversas empresas. Autor de los libros “Contabilidad 1”, “Costos” y “Contabilidad Administrativa” con editorial Pearson. Articulista en diversos periódicos y autor de su propio blog “Visión Financiera”. Coordinador de las materias Contabilidad Financiera, Contabilidad de Costos, Análisis de Costos y Contabilidad Gerencial.

Por: Mtro. Francisco Javier Calleja Bernal
Profesor de tiempo completo del Departamento de Finanzas y Contaduría de UDLAP
francisco.calleja@udlap.mx

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