Más allá de la sustentabilidad

Más allá de la sustentabilidad

Espacio en el que ha aparecido el artículo y fecha en que ha sido publicado: e-consulta (21-02-2017).

En la actualidad nos encontramos inmersos en un mundo lleno de grandes retos. Más allá de la tensa situación geopolítica y económica que se vive, una creciente preocupación nos invade desde el plano ambiental lo cual, seamos sinceros, no es nada nuevo.

Desde el famoso reporte “Límites al crecimiento” elaborado por el Club de Roma y liderado por el equipo de Donella Meadows o incluso antes, la humanidad ha sido consciente del peligro que corre frente a la destrucción y contaminación de su hábitat. Sin embargo, ésta ha preferido procrastinar sus acciones a la espera de que la tecnología o algún tipo de milagro la salven de las potenciales catástrofes que esta ignorancia conlleva.

Esta situación medioambiental se encuentra profundamente enraizada, entre muchas otras cosas, en modelos económicos del siglo antepasado. Modelos enfocados en extraer materia prima, manufacturar, vender, usar y tirar usando como principal fuente de energía combustibles fósiles. Dicho modelo actual no es solo ineficiente, sino insostenible.

En palabras de Walter Stahel, director fundador del Product-Life Institute, “el concepto de: más rápido, más fuerte, mejor calidad, más barato, de más consumo, de los nuevos productos y/o servicios, que es el emblema de las actuales industrias; no trabaja en esta era de gran escasez de recursos (humanos, energéticos, naturales, de valores), de acumulación de basura, de un decadente estado de derecho y un caos globalizado, en donde el factor más crítico, “el tiempo”, se nos termina.

¿Pero qué soluciones hemos implementado? Además de un incremento en regulaciones que usualmente no se hacen cumplir en países latinoamericanos con un deficiente estado de derecho, a lo largo de las últimas décadas, han surgido fuertes movimientos como el de la economía verde y sustentabilidad. Impulsados vigorosamente por tanto gobiernos como empresas, han desencadenado una serie de mecanismos como por ejemplo subsidios a adquisición de tecnologías limpias. Al igual que otras iniciativas “verdes” las cuales necesitan de un subsidio para sostenerse, éstos mecanismos y buenas intenciones no han mejorado la situación, tan solo han aminorado los daños.

¿Entonces qué nos queda por hacer? La respuesta puede encontrarse en un nuevo modelo económico el cual integra distintas perspectivas económicas, industriales, conductuales y teóricas llamada “economía circular”.

La economía circular, es definida por la fundación Ellen MacArthur como un “sistema industrial que es restaurativo y regenerativo por intención y diseño”. ¿Y esto qué quiere decir? En palabras simples y llanas, la economía circular pretende desacoplar el crecimiento económico de la extracción de recursos por medio de la circulación de materia y energía. Lo sé, suena como al famoso circulo de la vida de la película del Rey León, y en efecto, es algo muy semejante. Sin embargo, la economía circular se rige por tres grandes principios.

El primer principio es eliminar los residuos desde el diseño de los productos y servicios. Esto implica un completo rediseño de procesos, productos y sobre todo modelos de negocio. Un ejemplo claro de este principio es la empresa holandesa Desso, quienes en lugar de vender alfombras que al final de su vida útil se descartan como basura, las rentan. De esta forma al término de su vida útil, Desso la recolecta y las transforma de nuevo en otras alfombras teniendo un flujo constante de ingresos desacoplado de la extracción de recursos vírgenes.

El segundo principio de la economía circular es diferenciar entre nutrientes biológicos y técnicos contenidos en los productos. Los nutrientes biológicos son todos aquellos componentes o materiales que pueden ser devueltos a la tierra sin generar impactos negativos. Un ejemplo de estos son residuos orgánicos, los cuales son potencialmente valorizables en biogás o fertilizantes. Por otro lado, los nutrientes técnicos son aquellos que no pueden ser retornados a tierra como lo son metales, plásticos y químicos. Estos deben de ser tratados de manera diferente por medio de promover su re-uso, mantenimiento, re-manufactura o como última instancia su reciclado, dado su alto consumo energético.

Por último, el tercer principio es cambiar de energías de fuentes fósiles, a renovables para alimentar estos ciclos de transformación.

Estos principios proponen grandes retos, pero al mismo tiempo, representan fuentes de ventaja competitiva sostenibles. Según datos del último reporte de la Fundación Ellen MacArthur y McKinsey, este nuevo modelo económico tiene una oportunidad de ingresos que ascienden a los 1.8 billones de euros. Es por esto que empresas como Cisco, Coca-Cola, Google, Phillips y recientemente Heineken México han entrado al listado de las CE100 (Circular Economy 100). Empresas que han declarado de manera pública su interés por llevar a cabo una transición completa hacia la economía circular.

Ahora bien, si los argumentos anteriores no lo terminan de convencer y aún se muestra escéptico de la necesidad de cambiar nuestro modelo económico actual, hágale caso al Papa. Sí leyó bien, a su santidad el Papa Francisco quien recientemente publicó en su Carta encíclica Laudato Si´ sobre el Cuidado de la Casa Común lo siguiente:

“Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar”.

Los modelos de desarrollo actuales no están respondiendo eficazmente para lo que fueron diseñados. La economía circular surge como respuesta proponiendo rediseñar productos, modelos de negocios y patrones de producción de manera que se eliminen todos los residuos de manera sistemática. De esta forma creando una economía sostenible, viable y competitiva, socialmente responsable e inclusiva, pero sobre todo ambientalmente recuperable y regenerativa lo cual representa un modelo más allá de la sustentabilidad.

Por: Dr. Eduardo Enrique Aguiñaga Maldonado

eduardo.aguinaga@udlap.mx

Profesor De Tiempo Completo, Administración De Empresas

 

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