La precariedad docente: una tarea pendiente

La precariedad docente: una tarea pendiente

El proceso de aprendizaje, su complejidad y la aplicación en la vida real, a menudo, hace que aprobar un examen o sacar buenas notas ya no sirvan para dar lugar al éxito educativo del alumno. Igualmente, en un mundo marcado por los requisitos cada vez más exigentes, la continua necesidad de reconocimiento y afirmación, así como por la gran competitividad y escasez de puestos de trabajo en la academia, los profesores buscan centrar la gran parte de su trabajo en investigación dejando de lado el aspecto esencial de la existencia de cualquier entidad educativa: la docencia.

 Los sistemas actuales de evaluación son rigurosos en su configuración, premian mucho más a la actividad científica que el desarrollo en el aula, estableciendo no sólo una correlación negativa entre ambas partes, sino también penalizando a la enseñanza, además de devaluar su propósito. La falta de su amplio reconocimiento que obstaculiza la posible promoción de cuerpo docente a largo plazo, así como los beneficios del trabajo y la productividad investigadora (sean de carácter subjetivo o material) dan lugar a un escenario en el que los profesores buscan disminuir las horas de clase, limitando así su interés por el alumno y su aprendizaje de manera sustancial.

Sin embargo, el problema planteado se agrava aún más, ya que muchos de los académicos olvidan que la ciencia y la actividad desarrollada en su marco sirven, no sólo al profesorado, sino para compartirse. Es allí donde entran en juego los métodos de desarrollo e innovación docente, cuya importancia fue tan subrayada en últimos años por el conjunto de los centros educativos. Estructuradas o de carácter informal, estas técnicas permiten interactuar con alumnos de manera eficaz, ampliando –además– el espectro de las herramientas a utilizar para un aprendizaje efectivo en el aula. La utilización de las plataformas online, las tecnologías novedosas o métodos y formas de evaluar son sólo algunos de los ejemplos que facilitan a la innovación, modernizando la enseñanza, haciendo que la materia impartida sea aún más atractiva para el alumnado. Es decir, estableciendo cambios sustanciales en el proceso mencionado.

¿Un profesor puede cambiar la realidad tan compleja y estructurada por los sistemas existentes? Obviamente, se trata de un trabajo a largo plazo a través de una universidad que apueste por reconocer no sólo el valor de la investigación de su personal, sino de la docencia, como un elemento clave e imprescindible para el desarrollo del conjunto de la sociedad. La necesidad de acabar con las malas prácticas –en el contexto de la docencia– es un tema de máxima actualidad. No obstante, y por desgracia, en ocasiones se olvida, teniendo efectos más allá de lo individual.

 

Por: Dr. Marcin Roman Czubala Ostapiuk

Profesor visitante del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, UDLAP.

marcin.czubala@udlap.mx

 

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