El Sol, la luz y la ventana

El Sol, la luz y la ventana

La vida en la Tierra existe gracias al Sol, a su calor y a su luz. Todas las formas de vida incluido el ser humando “aparecimos” gracias a la combinación entre los elementos químicos disponibles y la distancia perfecta para que los rayos del Sol llegaran  a la tierra en su justa medida. Éste flujo continuo de energía hacia la Tierra se emplea en el calentamiento de su superficie, en desencadenar los ciclos del agua, en propiciar los procesos químicos de las plantas y es responsable directo de los diferentes climas. Nuestros alimentos y el oxígeno que respiramos dependen del Sol; los combustibles fósiles son principalmente energía solar almacenada y las especies vivas son el resultado de una evolución de miles de millones de años que ha sido mantenida por la constante de la luz solar.

Dentro del proceso evolutivo de las diferentes especies animales y vegetales, la luz del Sol tuvo un papel importante en delinear estrategias funcionales y fisiológicas. En el caso de los humanos nuestro cuerpo desarrolló órganos y sistemas complejos que trabajaron como las primeras interfaces entre nuestro cerebro y el medio ambiente.

El sistema visual por ejemplo, evolucionó de forma tan eficiente en función de la luz, que los límites de su sensibilidad casi coinciden con los límites del espectro solar. Esta capacidad se fue haciendo cada vez más sofisticada permitiendo al ojo detectar la cantidad de luz incidente en un plano, enfocar una imagen a gran velocidad o adaptarse a las condiciones cambiantes de la luz. Para los primeros homínidos éstos atributos representaron una ventaja sobre otras especies y pronto le facilitaron su supervivencia convirtiéndolo en un ser mejor adaptado a su medio.

Los hombres eventualmente empezamos a construir refugios para protegernos de los peligros del exterior. El vivir en comunidades o grupos nos daba seguridad al compartir el espacio y los riesgos con otros como nosotros. Paradójicamente ésta situación nos llevó a un interior cerrado y protegido que sin embargo, debía abrirse para seguir en contacto con el afuera. No podíamos abstraernos de la luz después de tanto tiempo de vivir bajo ella. En su versión más simple éste primer refugio por lo menos debió tener un paso, una forma de acceso por el que además se colaba la luz, el viento y los ruidos. Con el tiempo practicamos aberturas que no buscaban ser transitables pero que atendiendo a nuestra naturaleza sociable, nos permitían seguir en contacto con otras personas y contar con información del exterior.

La ventana fue el mejor recurso que encontramos como constructores para seguir en contacto con la realidad del mundo y conectado a este por lo menos a nivel visual. Es la forma que tenemos para comunicarnos desde el espacio privado hacia el espacio público y viceversa: a través de ella vemos y nos ven. Para rellenar el hueco de la ventana hemos recurrido al uso de diversos materiales con diferentes características y transparencias. La elección de estos materiales responde la mayoría de las veces al tipo de ambiente físico que buscamos en un interior (y que muchas veces difiere del que presenta el exterior), a las exigencias en el confort de acuerdo a los ocupantes y a nuestro deseo por manipular nuestra percepción de exterior.

Es importante reconocer el papel que la luz natural ha tomado en las diversas facetas de la vida del hombre: primero como elemento catalizador que ayudó a configurar sus estructuras sensitivas, luego como energía insustituible que influenció su crecimiento y desarrollo y por último, como responsable de la forma en que moldea nuestras experiencias espaciales.

Acerca del autor: se graduó como arquitecto en la Universidad de las Américas Puebla, posteriormente realizó un master en la Universidad Politécnica de Catalunya en Barcelona y una maestría en la Architectural Association en Londres. En ambos casos llevó a cabo investigaciones relacionadas con procesos de diseño digitales y tecnologías emergentes. En el plano profesional colaboró en diferentes despachos en México y el extranjero, entre ellos se pueden mencionar TEN Arquitectos, La Cera Arquitectos en Barcelona y Borgos Dance en Londres. En la actualidad es socio de JAR jaspeado arquitectos. Ha sido profesor de cátedra en el ITESM CEM y profesor invitado en el ITESM CCM, Texas Tech y ETSAB de la UPC. Es profesor de tiempo completo en la UDLAP y al mismo tiempo becario del CONACyT para realizar estudios de doctorado en la ETSAB de la UPC. La investigación que desarrolla actualmente involucra el estudio de la luz natural, la forma en cómo ésta penetra y se filtra por las fachadas, su propagación en el interior y las repercusiones e implicaciones de este proceso en el campo de visión del observador.

Por: Mtro. José Luis Jaspeado Escalona
Director Académico del Departamento de Arquitectura de la UDLAP
josel.jaspeado@udlap.mx

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